El sector de los temas relacionados con la salud es uno de mis favoritos.
Tras alguna conferencia para expertos en salud, en ocasiones amablemente alguien me ha espetado un oiga usted, yo soy un profesional de la salud, no un vendedor. Y entonces mal, todo mal, porque todos somos vendedores, y ellos también lo son, aunque no se den cuenta y pase desapercibido para ellos.

La abismal diferencia entre quienes si son conscientes de ello y quienes no quieren serlo se traduce en actividades empresariales en progresión y con orientación a la sostenibilidad en el largo plazo, mientras que los otros viven de las rentas del pasado, despreciando que poco a poco su actividad se irá extinguiendo porque las personas preferirán otros modelos de negocio.

Además, es paradójico que muchos de esos que no se consideran empresarios, comerciantes o personas de empresa, son los que temen, de una u otra manera, que el comercio electrónico irrumpa con fuerza en sus sectores, tan ligados a la confianza y a la presencialidad.

Yo soy de gafas. También he sido de lentillas en algún momento de mi vida, pero sin perder de vista las gafas. No entiendo mi vida sin gafas, pero tampoco sin la visita a mi óptica de confianza. Mientras el comercio electrónico avanza de manera progresiva hacia la conquista del consumo, los que somos de gafas, a pesar de saber que existen opciones de compra online, seguimos acudiendo a nuestra óptica favorita… ¿Pero somos los clientes los favoritos de las tiendas?, ¿qué orientación real hacia el cliente hay en muchas empresas?, ¿qué ambiente se respira en los puntos de venta?, ¿vemos personas que trabajan en un ambiente inspirador con ese brillo en los ojos que delata su intención por ofrecernos la mejor experiencia de nuestras vidas?

Una óptica es uno de esos sitios que, si bien está atravesando una interesante transformación digital, el papel de los profesionales de la visión muy difícilmente será reemplazado por una interacción digital con una plataforma de comercio electrónico. O si, será muy fácilmente reemplazado cuando las personas que atienden el negocio no proporcionan ningún tipo de valor al cliente, cuando no tienen el foco en el cliente. Como comprar un bote de refresco en una máquina expendedora: pagas y te dan el producto, no hay más valor, no hay ninguna orientación al cliente. Ser fácilmente sustituible es muy fácil.

Las gafas de sol de precio bajo, tan de moda en comercio online y cuya viabilidad se cuestiona de vez en cuando, ha sido una muy buena oportunidad en la comunidad óptica para reivindicar el valor de las marcas que venden, reivindicar la calidad de sus productos y alinearlo todo con el consejo imprescindible del experto en salud visual.

Aún hay mucho por hacer: la experiencia de compra en el punto de venta, el sentido del liderazgo y el management, una posventa proactiva y la oferta permanente de servicios de valor añadido son piedras angulares en las que las ópticas del futuro han de enfocarse especialmente, siempre pensando en el cliente, que es quien paga los sueldos de la empresa, pero también en el cliente interno, que tiene la responsabilidad de desarrollar las estrategias que debería marcar la empresa.

La cuenta atrás ya ha comenzado y hay que graduar las gafas de querer ver la diferenciación que hay que acometer: se trata de ahora o nunca.

Este artículo fue publicado originalmente en el diario El Español el 22 de enero de 2019.
https://www.elespanol.com/economia/empresas/20190122/gafas-ahora-nunca/370592939_13.html

Año nuevo, vida nueva. Es un dicho popular, pero en la esfera empresarial tenemos por delante un 2019 que tendrá que hacer frente a algunas cosas que ya vienen del año recién terminado. A modo de decálogo, comparto contigo algunas pistas que considero serán importantes desafíos en muchas organizaciones este año que acabamos de comenzar.

1. Aprender a liderar en tiempos de incertidumbre.

España y Europa en 2019 van a ser cualquier cosa menos un escenario tranquilo, apacible y previsible. Sin conocer el futuro del Gobierno de España y sus pretensiones sobre presupuestos e impuestos, la situación política en Cataluña o el impacto que va a tener el Brexit finalmente, los directivos y empresarios han de tener la visión de liderar sus organizaciones sabiendo que no se está pisando sobre tierra firme en todo momento. Va a ser un año de tener preparados muchos planes alternativos y de emergencia.

2. Interpretar la tecnología.

Cada año tenemos nuevos avances que parecen revolucionar cada mercado, cada sector, cada nicho comercial. Que la implementación y uso de la tecnología no sea una huida hacia delante con maquillaje tecnológico, de manera que la tecnología sea realmente útil y necesaria. Es necesario plantearse con tranquilidad y humildad el verdadero sentido de la adquisición de nuevas tecnologías.

3. Formación proactiva.

Necesitaremos empresas y organizaciones ya no que formen a sus equipos cuando se detecten necesidades, sino que es necesaria la proactividad hacia la formación en nuevas áreas y disciplinas, como manera de que la organización sea capaz de tener talento preparado para afrontar los cambios que tan rápido se suceden. Es mejor tener un equipo formado en algo que aún no ha ocurrido o que a priori no es necesario que tener que formarlo cuando la necesidad llama a nuestra puerta y no tenemos a nadie preparado para ello.

4. Liderazgo humano.

En tiempos de tener cada vez más contacto con una pantalla, las empresas que quieran liderar sus mercados necesitan profesionales y líderes que busquen, aprecien y desarrollen el contacto personal con los integrantes de la organización. El factor humano es clave, y como tal ha de ser tratado. Lo veo en muchas compañías cada año: las que más humanas son en su funcionamiento interno son las que mejores resultados cosechan.

5. Cliente conectado.

Llevamos muchos años hablando de omnicanalidad, muchos años observando cómo muchas empresas presumen de omnicanalidad y muchos años en los que personalmente observo cómo no se está trabajando eficientemente este asunto. No se trata de estar en muchos canales, sino de ser consciente de en qué canales está el cliente y cómo ha de transformar su presencia la organización para aportar valor de manera coherente. Apuntemos esa palabra como característica imprescindible que debería tener toda propuesta omnicanal: la coherencia.

6. Empoderamiento móvil.

Una App poderosa, que permita al cliente operar, comprar, vender, preguntar y activar su actitud de consumo en todo su espectro será una clave ganadora en 2019. El sector de la banca está siendo muy competitivo en este sentido: no más colas ni tiempos muertos de espera en una oficina cuando desde el teléfono se puede hacer la gran mayoría de operaciones corrientes. Toda empresa debería plantearse cómo puede aplicar esta filosofía, si de esta manera se aporta más valor a sus clientes.

7. La experiencia lo es todo.

Hay competencia en todo y para todo. Hay alternativas de compra en cualquier campo, nicho o sector. Si la experiencia no es positiva, el cliente preferirá otras opciones. No es algo nuevo esto de la experiencia de compra, pero si será 2019 un año determinante en cuanto a que quienes no actualicen, mejoren, o replanteen las experiencias que brindan a sus clientes, consumidores o usuarios, verán cómo son adelantados por otras organizaciones que han decidido apostar por la diferenciación.

8. El impacto verde.

Las personas cada vez tenemos una mayor consciencia medioambiental y existe una mayor preocupación por el entorno en el que vivimos. 2019, más allá de las restricciones al tráfico en las ciudades, será un año en el que las empresas responsables con el medio ambiente van a poder destacar y comunicar este hecho con el respaldo de la sociedad. Las organizaciones que no actualicen sus protocolos en este sentido, verán cómo lo que parecía una moda años atrás se habrá convertido en un hándicap de difícil solución en el corto plazo.

9. La transparencia permanente.

En sus operaciones, en la ética de sus actividades y en la imagen que proyectan sus directivos y profesionales de todo nivel jerárquico. Las organizaciones que no interpreten adecuadamente la necesidad de rendir ciertas cuentas a la sociedad que les rodea podrán ver cómo quedan relegadas a un segundo plano en detrimento de aquellas otras que apuesten por una comunicación directa, honesta y sin ambigüedades.

10. Velocidad y agilidad.

Y no es algo exclusivo de este año, sino que ya viene de atrás y seguirá con nosotros. Velocidad y agilidad para adaptar, modificar y solucionar todos estos desafíos de forma cambiante y con orientación al éxito. El mercado penalizará profundamente aquellas entidades que no sean capaces de gestionar en tiempo real lo que sucede a su alrededor. Tener organigramas que lo permitan, el talento adecuado y la posibilidad de hacer cambios rápidos será un factor decisivo y determinante que va a definir el futuro de muchas organizaciones.

Este artículo fue publicado originalmente en el diario El Español el 2 de enero de 2019.
https://www.elespanol.com/economia/empresas/20190102/desafios/365593438_13.html

Tener competencia es bueno. Incluso decir que es bueno se queda corto. De hecho, es imprescindible, si se desea que exista movimiento hacia el progreso y la diferenciación.Tener competencia supone que un tercero, al que llamamos cliente, valore qué opción prefiere y con libertad elija qué desea comprar o consumir.

La competencia hace que organizaciones, empresas y profesionales entiendan que, a mayor competencia, más competentes han de ser si quieren estar en primera línea de preferencia por clientes, consumidores y usuarios.
Tener competencia es bueno. Incluso decir que es bueno se queda corto. De hecho, es imprescindible, si se desea que exista movimiento hacia el progreso y la diferenciación. Tener competencia supone que un tercero, al que llamamos cliente, valore qué opción prefiere y con libertad elija qué desea comprar o consumir.

La competencia hace que organizaciones, empresas y profesionales entiendan que, a mayor competencia, más competentes han de ser si quieren estar en primera línea de preferencia por clientes, consumidores y usuarios.

Parece que, por fin, Renfe tendrá competencia en España. Alegría, gozo y alboroto sentimos los clientes habituales del medio ferroviario: ahora Renfe tendrá un motivo para mejorar sus servicios y en definitiva su propuesta de valor. Mientras sea el único operador ferroviario, el cliente que no pueda considerar otros medios de transporte alternativos sabe que está a merced de lo que el único proveedor disponible quiera hacer. Si la inteligencia estratégica de la compañía lo permite, deberían empezar muy pronto a querer ser buenos de verdad en su actividad, porque el cliente tiene la capacidad de decidir qué empresas continúan y cuáles han de cerrar para siempre.

Leemos que la banca teme una guerra de hipotecas cuando funcione la nueva ley al respecto. Lo temen los bancos, no los clientes y usuarios. Los bancos temen una guerra de precios, pero lo que muchos temen es que quede en evidencia su falta de tacto y capacidad de relación con sus clientes. En toda categoría comercial existen opciones de un precio más alto y otras más bajo, opciones low cost y opciones Premium, que conviven porque son capaces de conectar con el cliente adecuado que valora su propuesta de valor. Con la banca ocurrirá lo mismo, en un momento en el que cada vez más usuarios valoran ya no la proximidad de las sucursales sino la facilidad de uso y capacidad de acción de la App para operar desde el móvil. Una buena propuesta de valor no teme la existencia de competencia, sino que la prefiere, para que el cliente pueda apreciar y valorar realmente lo que se le ofrece y seleccione la opción ganadora.

Muchas veces he compartido en ciertos foros que lo peor que le pudo pasar a El Corte Inglés, una marca que admiro y respeto profundamente, fue ganar en su momento el concurso por la compra de Galerías Preciados, su principal competidor directo. Tener un competidor directo te obliga a intentar ser mejor cada día, a hacer cosas diferentes, a proporcionar experiencias que faciliten que el cliente te seleccione y prefiera acudir siempre a ti. Eliminar del tablero de juego a Galerías Preciados supuso no tener un digno rival directo en su categoría, hasta que tiempo después aparecieron actores como Decathlon, Leroy Merlin o MediaMarkt, a los que se despreciaba en cierta manera por considerar que, al ser formatos diferentes para un público a priori diferente, iban a competir en otra dimensión… y la realidad comercial actual nos hace ver que han conseguido dominar sus respectivos nichos de consumo. La ausencia de competencia llevó a descuidar al gran almacén ser más competentes en su día a día. Hoy quieren cambiar eso, esta vez en una carrera contra el reloj que pretende recuperar el tiempo no aprovechado.

Ya nos lo decían hace muchos años en el anuncio del detergente: “Busque, compare y si encuentra otro mejor, cómprelo”. Solo los mediocres temen la competencia que hará evidente que no son competentes.

Este artículo fue publicado originalmente en el diario El Español el 26 de diciembre de 2018.
https://www.elespanol.com/economia/empresas/20181226/mediocridad-teme-competencia/363843613_13.html

Hemos podido leer recientemente que la marca irlandesa de textil Primark está siendo utilizada por alguien que va por ahí estafando a quienes quieren abrir una franquicia de la popular cadena de ropa. Es muy difícil comprar una franquicia de una marca que no se dedica a franquiciar, y este es el caso de Primark, por eso se trata de un timo en toda regla, pero también puede ser un timo, de otro tipo, cuando la franquicia en cuestión es legal. Me explico, que presiento que voy a hacer muchos amigos con esta columna.

Comprar una franquicia puede ser una buena oportunidad cuando se está adquiriendo algo relevante para el emprendedor o inversor de turno, porque a su vez lo es para la sociedad y los potenciales clientes y consumidores. Comprar una franquicia se convierte en un timo legal cuando no se está comprando nada realmente interesante y por lo que de verdad merezca la pena pagar según qué cantidades.
Hemos podido leer recientemente que la marca irlandesa de textil Primark está siendo utilizada por alguien que va por ahí estafando a quienes quieren abrir una franquicia de la popular cadena de ropa. Es muy difícil comprar una franquicia de una marca que no se dedica a franquiciar, y este es el caso de Primark, por eso se trata de un timo en toda regla, pero también puede ser un timo, de otro tipo, cuando la franquicia en cuestión es legal. Me explico, que presiento que voy a hacer muchos amigos con esta columna.

Comprar una franquicia puede ser una buena oportunidad cuando se está adquiriendo algo relevante para el emprendedor o inversor de turno, porque a su vez lo es para la sociedad y los potenciales clientes y consumidores. Comprar una franquicia se convierte en un timo legal cuando no se está comprando nada realmente interesante y por lo que de verdad merezca la pena pagar según qué cantidades.

Adquirir una franquicia es buena idea si se están comprando los recursos necesarios para que, desde el primer día, tengamos una marca fuerte, consolidada, con un importante saber hacer y que permita al emprendedor generar facturación desde el primer minuto. Adquirir una franquicia es muy mala idea si el franquiciador no aporta nada especial: si no hay una marca bien construida detrás, la cesión de recetas o patentes diferenciadoras o una transmisión de intangibles capaces de generar negocio desde el primer día, y además de manera probada.
Una franquicia poderosa permite ir en cabeza de carrera desde el primer día de actividad. Una franquicia que aporte poco o nada sitúa al emprendedor en las últimas posiciones del pelotón, muy lejos de los primeros, de manera que hay que preguntarse si realmente merece la pena hacer cierto desembolso económico a cambio de tan poco.

Puede ser interesante comprar una franquicia de restauración de comida rápida de una marca que tiene docenas de locales, con una historia de éxito contrastada y un saber hacer evidente que transmite al emprendedor como elemento diferenciador; pero al mismo tiempo puede ser muy mala inversión comprar la franquicia del local de bocadillos de mi vecino el del quinto que, tras abrir con razonable éxito su primer restaurante, se ha venido arriba y cree que ya puede franquiciar y ser el futuro rey del bocadillo. Como puedes imaginar, la receta del bocadillo de calamares con mahonesa de mi vecino el del quinto no tiene nada que no pueda hacer uno mismo, y cuando abramos el local con su nombre, la gente pensará que somos el vecino del quinto de su mismo edificio.
En estos últimos años he conocido muchas aventuras y desventuras de franquiciados y nuevos franquiciadores. Por un lado, franquiciados que con un exceso atrevimiento o tras un mal consejo, compraron franquicias de esas que no aportaban nada especial, de manera que al final solían contar que “parece que solo trabajo para pagarle a otro, no soy dueño de mi propio negocio”.

También he conocido franquiciadores que, al igual que mi vecino del que antes te hablaba, deciden franquiciar un negocio que no está probado como es debido, que muchas veces solo lleva unos meses de andadura o que incluso no aporta una rentabilidad mínimamente interesante, cuando no se dedican a exagerar las cifras de ventas y plazos de amortización para atraer al emprendedor novato en el asunto.

Me encontrado además con franquiciadores honestos, que saben que están trabajando con el dinero, los ahorros, los préstamos y las ilusiones de otros. Suelen ser aquellos que filtran y seleccionan al emprendedor o inversor, porque no todo el mundo les vale, sino que se ha de tener un perfil adecuado para que el negocio prospere. Cuando el negocio de un franquiciador consiste en abrir franquicias, dudemos un poco de la propuesta. El negocio no ha de ser la apertura de franquicias, sino la perdurabilidad de las mismas en el largo plazo.

Por todo esto, mucho cuidado ahí afuera, hay timos de muchos tipos.

Este artículo fue publicado originalmente en el diario El Español el 5 de diciembre de 2018.
https://www.elespanol.com/economia/empresas/20181205/timo-franquicia/358344170_13.html

Hay negocios que todos hemos pensado alguna vez que son “negocio seguro”, de esos que aparentemente siempre van a tener clientes.

NEGOCIO SEGURO
Hace años ocurría con las estaciones de servicio, en las que el propietario de la gasolinera del pueblo era rico. Pero después se liberalizó el sector y lo que era una mina de oro “sin necesidad de hacer nada especial” pasó a ser una industria en la que las nuevas aperturas hacen que quienes tienen éxito lo hagan gracias a un nuevo tipo de gestión empresarial. El siguiente hito para ellos será la popularización del vehículo eléctrico en las próximos lustros.
El negocio de las autoescuelas, tres cuartos de lo mismo: siempre hemos dado por hecho que la gente tiene la necesidad de conducir y tendría que sacarse el carnet de conducir en alguna parte. La proliferación de escuelas de conducción y la guerra de precios en la que se han metido muchos empresarios está causando estragos en aquello del negocio seguro, a lo que se añade el conflicto habitual con los examinadores de la Dirección General de Tráfico, en el caso de España, y sus situaciones de huelga. La situación es extrema al punto de que muchos empresarios se plantean cerrar sus negocios ante la perspectiva que se plantea. Por otra parte no perdamos de vista el impacto que en esta industria va a tener el coche autónomo, que a buen seguro lo veremos circular de forma habitual mucho antes de lo imaginamos.
También tenemos las farmacias, un apasionante sector que también conozco muy bien, y es cierto que muchos farmacéuticos ya ven venir el futuro más probable y saben que la venta online total y la liberalización del sector es algo que ocurrirá en cuestión de tiempo. Pobres aquellos que no se están preparando ya para ello.
¿Y el taxi? Ha tenido mucho de negocio seguro por muchas décadas, en muchos países, y la revolución tecnológica ha propiciado la llegada de operadores como Uber o Cabify que están cambiando las reglas de juego, aunque en realidad quienes han cambiado estas reglas son los clientes, verdaderos artífices de que unas u otras iniciativas tengas éxito.

Y ahora hablemos de funerarias y tanatorios. Un sector que incluso celebra congresos de marketing y que siempre ha gozado de esta categoría del “negocio seguro”. Y tampoco es el caso.
La prensa local de mi ciudad se hacía eco de esta información. La noticia hace referencia a una funeraria de nueva apertura en una localidad de tamaño pequeño que comprueba que los muertos del pueblo «no pasan por allí» pese a ser el único tanatorio del pueblo. El tema da mucho de si, pero en un rápido análisis observamos el problema: el emprendedor no hizo bien su plan de negocio, no tuvo en cuenta que el asunto suele recaer en las compañías aseguradoras a merced del más de 50% de hogares españoles que tienen contratado este tipo de seguros… “el de los muertos”. Y lo que suele ocurrir cuando se produce el triste desenlace es que los familiares, tristes y pasando un muy mal momento, no suelen elegir los proveedores del servicio, y es la propia aseguradora quien propone y dispone, en beneficio de los clientes.
Esto hay que saberlo, porque es muy posible que los fallecidos de tu zona de influencia no acudan a tu tanatorio no porque no quieran sus familias, sino porque otras empresas están trabajando mejor con las compañías aseguradoras.

PESTE
En los planes de empresa hay un capítulo inicial que, pese a ser un tanto aburrido muchas veces y por el que los emprendedores suelen pasar muy de puntillas, contiene una información vital para la viabilidad del negocio. Me estoy refiriendo al análisis PEST, al que últimamente muchos añaden una E: PESTE.
PESTE que es un acrónimo para referirnos a factores de tipo:

1 Político – legal.
2 Económicos.
3 Socio – culturales.
4 Tecnológicos.
5 Ecológicos.

Hay que saber qué está pasando y cómo nos puede afectar.
Como puedes ver se trata de analizar el entorno en el que va a convivir el proyecto empresarial, y además debemos tener en cuenta que se trata de algo cambiante, ya que todo va muy rápido a todos los niveles y es lo que hace que lo que ayer era un negocio seguro hoy en día puede estar en peligro porque no ha sabido leer el entorno y comprender que esta PESTE hay que asimilarla e integrarla en la empresa para estar más cerca de su viabilidad tanto a corto como medio o largo plazo.
Yo revisaría mi análisis PESTE al menos una vez al año.
Nada es seguro, hoy menos que nunca, por eso anticiparse a los problemas y circunstancias es el factor clave.

Te deseo lo mejor.
Jacinto Llorca

Nadie es imprescindible, pero todos somos necesarios.
Nadie es imprescindible, pero es cierto que hay personas menos prescindibles que otras.
Nadie es imprescindible, pero hay personas que son menos substituibles que otras.
Nadie es imprescindible, pero hay personas que no quieres que nunca se marchen.

INICIO
Hace más de un año, estando Sabina embarazada de nuestra hija, tuvimos que ir una noche al servicio de urgencias al sentir ella una molestia especialmente incómoda.
Acudimos al mismo hospital de siempre, donde visitaba regularmente al ginecólogo que la estaba asistiendo durante el embarazo, de forma que allí tenían su expediente, fechas, pruebas más recientes, etc.
Al estar ante el médico de urgencias, este nos preguntó antes de ver nada en su ordenador: “¿quién es su ginecólogo habitual?” Sabina y yo nos miramos entre nosotros, con cara de circunstancias… ¡se nos había olvidado el nombre del médico pese a verlo todos los meses! Y atención a lo que viene ahora, pues el médico de guardia, veterano, que teníamos ante nosotros espetó: “eso es que usted no tiene ginecólogo”.
Efectivamente, si no lo recuerdas, es que para ti no existe, si él no ha dejado huella en tu vida, es que pasa demasiado desapercibido, es que no ha sido capaz de ser mínimamente trascendente, es que ha estado sin estar.
Y así fue en este caso, fue un médico que nuca fue especialmente simpático, ni nunca se le vio especialmente involucrado, que nunca recordaba el nombre de Sabina (y mira que es poco frecuente, como pasa con el mío) hasta que lo leía en algún documento… e incluso hace unas semanas lo vimos en la consulta tras unos meses sin verlo y era como si no nos hubiéramos visto nunca. Mal.

NUDO
Creo que ya sabes por dónde voy…
¿Qué estamos haciendo con nuestros clientes, compañeros y colaboradores?
¿Somos lo suficientemente destacables como para que sepan y recuerden que somos sus proveedores, compañeros o jefes?
¿Hemos estado a la altura mínima de las circunstancias en los momentos de la verdad?, si, esos en los que el pequeño detalle pasa a ser algo extraordinario para quien observa la situación.
Permíteme una pregunta incómoda: si mañana no estuvieras, ¿te echarían de menos?
Seth Godin escribió hace unos años un libro que tituló “¿Eres imprescindible?” Lo tengo aquí en mi biblioteca, lo compré y leí en 2010 cuando trabajaba para El Corte Inglés. En este libro Seth hace mención al “arte” y en cómo las personas somos artistas que debemos crear y ofrecer ese arte que nos ayude a conectar con otros. Ser el artista que hace realidad ese arte es el verdadero mérito, el vencer a las resistencias propias o externas y dar un paso al frente.
Depende de nosotros.
DESENLACE

Ahora estamos esperando nuestro segundo hijo o hija, aún no sabemos qué será. En el mismo hospital esta vez se ha elegido otro ginecólogo.
Desde el primer minuto en la primera consulta, conectó con Sabina al 100%. Había cierta dulzura en sus palabras y mucha empatía. Al terminar esa primera consulta, el médico nos escribió un teléfono móvil en el reverso de la cartilla de embarazo: “cualquier duda que tengan contáctenme por WhatsApp en este número”. ¡Wow!, eso si que es orientación a servicio.
Efectivamente los comentarios leídos en los grupos de redes sociales de mamás y futuras mamás no estaban equivocados, el Dr. Villalobos es un gran profesional. Conecta. Ofrece su arte.
Se trata de ser trascendentes, de ofrecer nuestro arte, de llegar al top of mind.

Te deseo lo mejor.
Un abrazo,

Las ideas o la inspiración vienen cuando uno menos lo espera, bien trabajando (que es lo más frecuente para muchos) o bien en algún insospechado lugar.

A mi me sorprendió el otro día en el sillón del dentista, lugar frecuentado últimamente por mi en pleno proceso de brackets u ortodoncia, como toda la vida hemos dicho. Y es allí cuando, con la boca abierta de par en par, la ortodoncista Mariangeles le comenta a su compañero y hermano dentista Ceferino que va a utilizar cierto material porque es más “biológico”.

Y biológico no significa que tenga algo vivo en su composición, me explicó tras mi pregunta, sino que llaman biológico a aquello que se adapta mejor a la convivencia en la boca, se integra mejor, porque es un material más flexible, maleable, permite que el usuario tenga menos molestias… ¡Y entonces vino la inspiración!

¿Cómo de “biológicas” son las cosas que hacemos y decimos en nuestras empresas y organizaciones?

En algunos momentos hablamos de la “ecología” del sistema, de las cosas, o de los objetivos, en referencia a que dicho objetivo (o lo que sea) sea bueno para la organización o profesional que lo persiga. En este caso, el concepto es diferente, por “biológico” estoy refiriéndome en si la introducción de cierto elemento nuevo en la organización va a originar cambios positivos, si va a ser una fuente de estabilización, si va a ayudar a que exista una determinada mejoría y si su inclusión no va a ser causante de problemas, inquietudes negativas y que va a ser evidente la existencia de un cuerpo extraño

Creo que la idea es muy sencilla, pero la estamos pasando por alto continuamente, sobre todo cuando animamos continuamente a nuestros equipos y organizaciones a probar cosas nuevas, a que no tengan miedo al cambio… pero creo que es bueno tener ese momento de reflexión y decidir si se afrontan los cambios de forma “biológica” o si estamos exponiendo la organización o proyecto a ciertos riesgos. Que observemos ese riesgo “biológico” no quiere decir que tengamos que evitar el cambio, sino que quizás debamos cambiar pero de otra manera.

Decía Peter Drucker algo así como que es muy irresponsable tomar decisiones que vayan a traer un buen resultado a corto plazo si existe alguna posibilidad de que el resultado a largo plazo sea desastroso. Los elementos biológicos deben ser buenos a largo plazo, más incluso que a corto.
También pienso que podemos introducir elementos no biológicos de forma expresa, y lo importante es que seamos conscientes de lo que estamos haciendo. El mayor peligro estriba en cuando no conocemos el alcance de lo que podamos estar haciendo, hablando o introduciendo en la organización en cada momento.

Personalmente esta idea que hoy te traigo voy a aplicarla en todos los proyectos en los que participo. Creo que es importante.
Te deseo lo mejor.