El sector de los temas relacionados con la salud es uno de mis favoritos.
Tras alguna conferencia para expertos en salud, en ocasiones amablemente alguien me ha espetado un oiga usted, yo soy un profesional de la salud, no un vendedor. Y entonces mal, todo mal, porque todos somos vendedores, y ellos también lo son, aunque no se den cuenta y pase desapercibido para ellos.

La abismal diferencia entre quienes si son conscientes de ello y quienes no quieren serlo se traduce en actividades empresariales en progresión y con orientación a la sostenibilidad en el largo plazo, mientras que los otros viven de las rentas del pasado, despreciando que poco a poco su actividad se irá extinguiendo porque las personas preferirán otros modelos de negocio.

Además, es paradójico que muchos de esos que no se consideran empresarios, comerciantes o personas de empresa, son los que temen, de una u otra manera, que el comercio electrónico irrumpa con fuerza en sus sectores, tan ligados a la confianza y a la presencialidad.

Yo soy de gafas. También he sido de lentillas en algún momento de mi vida, pero sin perder de vista las gafas. No entiendo mi vida sin gafas, pero tampoco sin la visita a mi óptica de confianza. Mientras el comercio electrónico avanza de manera progresiva hacia la conquista del consumo, los que somos de gafas, a pesar de saber que existen opciones de compra online, seguimos acudiendo a nuestra óptica favorita… ¿Pero somos los clientes los favoritos de las tiendas?, ¿qué orientación real hacia el cliente hay en muchas empresas?, ¿qué ambiente se respira en los puntos de venta?, ¿vemos personas que trabajan en un ambiente inspirador con ese brillo en los ojos que delata su intención por ofrecernos la mejor experiencia de nuestras vidas?

Una óptica es uno de esos sitios que, si bien está atravesando una interesante transformación digital, el papel de los profesionales de la visión muy difícilmente será reemplazado por una interacción digital con una plataforma de comercio electrónico. O si, será muy fácilmente reemplazado cuando las personas que atienden el negocio no proporcionan ningún tipo de valor al cliente, cuando no tienen el foco en el cliente. Como comprar un bote de refresco en una máquina expendedora: pagas y te dan el producto, no hay más valor, no hay ninguna orientación al cliente. Ser fácilmente sustituible es muy fácil.

Las gafas de sol de precio bajo, tan de moda en comercio online y cuya viabilidad se cuestiona de vez en cuando, ha sido una muy buena oportunidad en la comunidad óptica para reivindicar el valor de las marcas que venden, reivindicar la calidad de sus productos y alinearlo todo con el consejo imprescindible del experto en salud visual.

Aún hay mucho por hacer: la experiencia de compra en el punto de venta, el sentido del liderazgo y el management, una posventa proactiva y la oferta permanente de servicios de valor añadido son piedras angulares en las que las ópticas del futuro han de enfocarse especialmente, siempre pensando en el cliente, que es quien paga los sueldos de la empresa, pero también en el cliente interno, que tiene la responsabilidad de desarrollar las estrategias que debería marcar la empresa.

La cuenta atrás ya ha comenzado y hay que graduar las gafas de querer ver la diferenciación que hay que acometer: se trata de ahora o nunca.

Este artículo fue publicado originalmente en el diario El Español el 22 de enero de 2019.
https://www.elespanol.com/economia/empresas/20190122/gafas-ahora-nunca/370592939_13.html

Año nuevo, vida nueva. Es un dicho popular, pero en la esfera empresarial tenemos por delante un 2019 que tendrá que hacer frente a algunas cosas que ya vienen del año recién terminado. A modo de decálogo, comparto contigo algunas pistas que considero serán importantes desafíos en muchas organizaciones este año que acabamos de comenzar.

1. Aprender a liderar en tiempos de incertidumbre.

España y Europa en 2019 van a ser cualquier cosa menos un escenario tranquilo, apacible y previsible. Sin conocer el futuro del Gobierno de España y sus pretensiones sobre presupuestos e impuestos, la situación política en Cataluña o el impacto que va a tener el Brexit finalmente, los directivos y empresarios han de tener la visión de liderar sus organizaciones sabiendo que no se está pisando sobre tierra firme en todo momento. Va a ser un año de tener preparados muchos planes alternativos y de emergencia.

2. Interpretar la tecnología.

Cada año tenemos nuevos avances que parecen revolucionar cada mercado, cada sector, cada nicho comercial. Que la implementación y uso de la tecnología no sea una huida hacia delante con maquillaje tecnológico, de manera que la tecnología sea realmente útil y necesaria. Es necesario plantearse con tranquilidad y humildad el verdadero sentido de la adquisición de nuevas tecnologías.

3. Formación proactiva.

Necesitaremos empresas y organizaciones ya no que formen a sus equipos cuando se detecten necesidades, sino que es necesaria la proactividad hacia la formación en nuevas áreas y disciplinas, como manera de que la organización sea capaz de tener talento preparado para afrontar los cambios que tan rápido se suceden. Es mejor tener un equipo formado en algo que aún no ha ocurrido o que a priori no es necesario que tener que formarlo cuando la necesidad llama a nuestra puerta y no tenemos a nadie preparado para ello.

4. Liderazgo humano.

En tiempos de tener cada vez más contacto con una pantalla, las empresas que quieran liderar sus mercados necesitan profesionales y líderes que busquen, aprecien y desarrollen el contacto personal con los integrantes de la organización. El factor humano es clave, y como tal ha de ser tratado. Lo veo en muchas compañías cada año: las que más humanas son en su funcionamiento interno son las que mejores resultados cosechan.

5. Cliente conectado.

Llevamos muchos años hablando de omnicanalidad, muchos años observando cómo muchas empresas presumen de omnicanalidad y muchos años en los que personalmente observo cómo no se está trabajando eficientemente este asunto. No se trata de estar en muchos canales, sino de ser consciente de en qué canales está el cliente y cómo ha de transformar su presencia la organización para aportar valor de manera coherente. Apuntemos esa palabra como característica imprescindible que debería tener toda propuesta omnicanal: la coherencia.

6. Empoderamiento móvil.

Una App poderosa, que permita al cliente operar, comprar, vender, preguntar y activar su actitud de consumo en todo su espectro será una clave ganadora en 2019. El sector de la banca está siendo muy competitivo en este sentido: no más colas ni tiempos muertos de espera en una oficina cuando desde el teléfono se puede hacer la gran mayoría de operaciones corrientes. Toda empresa debería plantearse cómo puede aplicar esta filosofía, si de esta manera se aporta más valor a sus clientes.

7. La experiencia lo es todo.

Hay competencia en todo y para todo. Hay alternativas de compra en cualquier campo, nicho o sector. Si la experiencia no es positiva, el cliente preferirá otras opciones. No es algo nuevo esto de la experiencia de compra, pero si será 2019 un año determinante en cuanto a que quienes no actualicen, mejoren, o replanteen las experiencias que brindan a sus clientes, consumidores o usuarios, verán cómo son adelantados por otras organizaciones que han decidido apostar por la diferenciación.

8. El impacto verde.

Las personas cada vez tenemos una mayor consciencia medioambiental y existe una mayor preocupación por el entorno en el que vivimos. 2019, más allá de las restricciones al tráfico en las ciudades, será un año en el que las empresas responsables con el medio ambiente van a poder destacar y comunicar este hecho con el respaldo de la sociedad. Las organizaciones que no actualicen sus protocolos en este sentido, verán cómo lo que parecía una moda años atrás se habrá convertido en un hándicap de difícil solución en el corto plazo.

9. La transparencia permanente.

En sus operaciones, en la ética de sus actividades y en la imagen que proyectan sus directivos y profesionales de todo nivel jerárquico. Las organizaciones que no interpreten adecuadamente la necesidad de rendir ciertas cuentas a la sociedad que les rodea podrán ver cómo quedan relegadas a un segundo plano en detrimento de aquellas otras que apuesten por una comunicación directa, honesta y sin ambigüedades.

10. Velocidad y agilidad.

Y no es algo exclusivo de este año, sino que ya viene de atrás y seguirá con nosotros. Velocidad y agilidad para adaptar, modificar y solucionar todos estos desafíos de forma cambiante y con orientación al éxito. El mercado penalizará profundamente aquellas entidades que no sean capaces de gestionar en tiempo real lo que sucede a su alrededor. Tener organigramas que lo permitan, el talento adecuado y la posibilidad de hacer cambios rápidos será un factor decisivo y determinante que va a definir el futuro de muchas organizaciones.

Este artículo fue publicado originalmente en el diario El Español el 2 de enero de 2019.
https://www.elespanol.com/economia/empresas/20190102/desafios/365593438_13.html

Jeff Bezos lo tiene muy claro. Ha pasado un tanto inadvertido entre la actualidad empresarial, pero sus palabras resuenan en mí con mucha fuerza, poniendo en evidencia una realidad que muchos no quieren ver: nada es para toda la vida.

“Un día Amazon fracasará y caerá”. Que diga esto el fundador de una empresa que lidera el mundo del comercio electrónico, parece casi un chiste, salvo si se pone en el contexto adecuado y que el propio Bezos recuperó: las grandes empresas de nuestra era cumplen más de 30 años, pero no más de 100. Hagamos memoria de nuestra historia reciente: ¿quién iba a decir que empresas líderes como Olivetti, Kodak, Nokia, Atari, Blockbuster o más recientemente Sears iban a liquidar sus actividades o quedar como meros secundarios casi invisibles?

Es habitual recurso en las escuelas de negocio que se exponga cómo las organizaciones líderes de hoy no existían hace apenas unos años, mientras que quienes lideraban los mercados hace pocas décadas ya no existen o tienen un papel irrelevante. El CEO de Amazon sabe que esa realidad está ahí, que rentabilidades pasadas no garantizan futuras y, como con buen criterio ha expuesto, la responsabilidad de la compañía es intentar retrasar ese día el mayor tiempo posible. Es una responsabilidad ineludible del equipo de management de cualquier organización: retrasar el momento en el que ya no se es útil para la sociedad y garantizar la supervivencia de la empresa.

“Obsesión con los clientes, no centrarse en sí mismos”. Es un buen lema para cualquier empresa, y es lo que pretende instaurar Amazon para evitar ese colapso generacional que antes veíamos. Pero esto no es nuevo. El profesor Ted Levitt ya dejó escrito, hace la friolera de 50 años, que la Miopía del Marketing era la causa de cierre de muchas empresas. Para él, esta miopía era lo que ocurría cuando una organización se centraba tanto en su producto y en la propia empresa que llegaba a dejar al cliente en un segundo plano y no orientarse hacia sus necesidades reales… hasta que al final se producía un punto de no retorno y la empresa moría.

En España ya tenemos un caso muy visible de obsesión por el cliente. Pienso en Mercadona y su orientación por un cliente al que, como sabemos, llaman “jefe” en su lenguaje corporativo. El jefe manda, el jefe decide qué empresas avanzan y cuáles han de cerrar para siempre. Como suelo decir en mis conferencias por medio mundo, los clientes no dicen “Tenemos que hablar”, simplemente desaparecen. Por eso en Mercadona tienen esa obsesión que pretende Amazon y no dudan en desarrollar cientos de momentos de cocreación con los clientes, para involucrarlos en los procesos de creación y desarrollo de la empresa. Sus clientes, como jefes, lideran su futuro.

Mi visión de cómo conseguir empresas lo más longevas y exitosas posibles se basa en cinco aspectos que considero fundamentales:

#1. Orientación al cliente.
Sin cliente no hay nada que hacer. Los clientes pagan nuestros sueldos, y pobres empresas las que no hayan transmitido esto a sus equipos de trabajo. Los salarios no los paga la propiedad de la empresa ni nadie que no sea el cliente. Como suelo decir, la empresa no es del dueño, es del cliente, y tal orientación hacia él se debe tener que debemos disponer de estructuras organizativas ágiles para responder a la necesidad cada vez más cambiante del cliente de hoy en día.

#2. Si el cliente es lo más importante, nuestra gente lo es un poquito más.
Así lo veo yo. Si el cliente es una prioridad absoluta, como debe serlo, los integrantes de la empresa deben estar tratados, cuidados y liderados a un nivel incluso mayor. A las empresas con malos ejemplos de liderazgo, con tiranos y con irresponsables que tratan a las personas como elementos fácilmente reemplazables, pobre futuro les aguarda. Tengamos en cuenta que esto va de conseguir atraer al mejor talento, y conseguir que su desarrollo y desempeño no conozca límites.

#3. Preparación para el peor escenario posible.
Las organizaciones en crecimiento, las que van bien o las que simplemente aguantan el tipo lo mejor que pueden, deberían estar continuamente cuestionándose su propio futuro. La autocomplacencia es el peor enemigo de la corporación empresarial. La pregunta constante debería ser siempre: ¿qué haríamos mañana si…? Interpretar cómo deseamos construir un nuevo futuro es la mejor manera de predecirlo y no recibir sorpresas desagradables inesperadas.

#4. Tener claro el sentido de las cosas.
¿Para qué sirve todo esto que estamos haciendo en la organización?, ¿qué sentido tiene las instrucciones que recibimos por parte de nuestros jefes?, ¿cómo afecta mi trabajo a la empresa? Puede parecer una obviedad, pero me encuentro muy frecuentemente con profesionales y directivos que no saben qué impacto directo tiene su desempeño en la actividad de la empresa. Es una obligación de la compañía transmitir el sentido de las cosas, por qué es importante hacer lo que se está haciendo y además con la excelencia que merecen los clientes que serán jueces de nuestra actividad.

#5. Cultura y Valores.
Solemos decir que la Cultura se come a la Estrategia en el desayuno. Una cultura bien definida, compartida y con sentido en la organización permite que los vaivenes de la actualidad no tengan un impacto especialmente perjudicial. La Cultura es la base sobre la que recaen las estrategias cambiantes que tiene cualquier organización. Los Valores son esos pilares filosóficos que todo lo aguantan, cuando son verdaderos y no una mera declaración de intenciones en un bonito poster motivacional. Los valores se transmiten, se ejemplifican, se viven… y así es cómo los clientes llegan a percibirlos cuando llegan los momentos de la verdad.

#6. Reinventar la organización.
Si las personas cambian, cambiamos, las empresas han de transformarse al mismo tiempo. No es posible tener empresas que no evolucionan al mismo tiempo que las personas que las integran y para las que ofrecen sus productos y servicios.

Cumplir 100 años y liderar el mercado no es fácil, pero tampoco imposible. Vivimos la era en la que romper viejos paradigmas está a nuestro alcance, si nuestra visión hacia lo verdaderamente importante y relevante está bien orientada.

Este artículo fue publicado originalmente en el diario El Español el 21 de noviembre de 2018.
https://www.elespanol.com/economia/empresas/20181121/llegara-amazon-anos/354844517_13.html

Lo veo frecuentemente en tiendas, pymes, managers, emprendedores y empresarios de diferentes sectores y tamaños: observo una gran preocupación por el hardware, pero muy poca atención al software. Y creo que esto es un error.

Por hardware me refiero a las instalaciones, la decoración o la arquitectura, los equipos informáticos o técnicos, lo último en diseño web, redes sociales o ese nuevo sistema del que todos hablan. El hardware está muy relacionado con el postureo, con la apariencia, con lo que todos ven y por lo que es fácil presumir. Tener un gran hardware, el mejor, es fácil cuando hay recursos económicos para ello. No supone un gran esfuerzo, apenas encargarlo, ordenarlo y pagarlo.

Para mí el software es aquello que está a la vista pero que no todos ven, y es lo que realmente es decisivo. El software está definido por la estrategia, por la misión, visión y valores de la organización, por la animación sobre las personas, el liderazgo y la visión de management. El software está relacionado con la orientación al cliente externo e interno, el clima laboral y la energía que se respira en el negocio, así como con sensibilidad hacia lo que es el marketing de verdad como fuente de valor.

Pero esto no es fácil, disponer de un buen software supone trabajar muy duro de forma constante, no existen atajos ni se puede comprar. Hay que implicarse, analizar, pensar, compartir con los demás, escuchar mucho… darse cuenta de que esto es realmente importante y que hasta que no se haga bien, no hay mucho sobre lo que avanzar.

El hardware es importante, qué duda cabe y que nadie me malinterprete, pero si el software no tiene un desarrollo superior, tendremos bonitos juguetes sin sentido, sin alma, que finalmente evidencian que algo no funciona bien en el seno de la organización.
Un buen software al que damos el mejor hardware, vuela hacia los objetivos marcados. El mejor hardware sin el software adecuado es un intento de querer ser el mejor sin estar preparado para ello y es, incluso, contraproducente porque poco a poco se verá cómo decae y es insostenible. De hecho cuando el software está muy afinado y a pleno rendimiento, por si solo pide el hardware adecuado y este encaja como un guante.

Por eso me gusta empezar por lo que nadie ve, porque ahí está la esencia del negocio, sus limitaciones y ambiciones, sus posibilidades, su verdadera realidad, oculta tras una fachada que quiere ser perfecta. En definitiva el software está en las personas que integran la organización, sus ideas, sus creencias, sus ganas de ponerse manos a la obra.

¿Hay empresas que teniendo un gran hardware y un pobre software aparentemente funcionan? Alguna hay, pero normalmente el recorrido que tienen es insostenible en el tiempo y en los resultados. Que funcionen aceptablemente no quiere decir que funcionen realmente bien ni que vayan a hacerlo en el futuro. Permíteme la metáfora: puedes comprarte todo el equipamiento para escalar el Everest, que como no estés verdaderamente preparado ni sales de la tienda de campaña el primer día y regresas a casa, aunque creas que haber montado la tienda de campaña fuera un importante logro lo cierto es que llevabas hardware para hacer cima, pero finalmente el selfie lo hiciste camino del aero_puerto.

Para empezar a poner a punto nuestro software hay algunas cuestiones que podemos plantearnos para ver dónde estamos. En el próximo artículo las veremos, como un buen inicio por el que empezar a construir la mejor versión de nuestro software.

Hay mucho sobre lo que reflexionar y pasar a la acción.

Un abrazo