Jeff Bezos lo tiene muy claro. Ha pasado un tanto inadvertido entre la actualidad empresarial, pero sus palabras resuenan en mí con mucha fuerza, poniendo en evidencia una realidad que muchos no quieren ver: nada es para toda la vida.

“Un día Amazon fracasará y caerá”. Que diga esto el fundador de una empresa que lidera el mundo del comercio electrónico, parece casi un chiste, salvo si se pone en el contexto adecuado y que el propio Bezos recuperó: las grandes empresas de nuestra era cumplen más de 30 años, pero no más de 100. Hagamos memoria de nuestra historia reciente: ¿quién iba a decir que empresas líderes como Olivetti, Kodak, Nokia, Atari, Blockbuster o más recientemente Sears iban a liquidar sus actividades o quedar como meros secundarios casi invisibles?

Es habitual recurso en las escuelas de negocio que se exponga cómo las organizaciones líderes de hoy no existían hace apenas unos años, mientras que quienes lideraban los mercados hace pocas décadas ya no existen o tienen un papel irrelevante. El CEO de Amazon sabe que esa realidad está ahí, que rentabilidades pasadas no garantizan futuras y, como con buen criterio ha expuesto, la responsabilidad de la compañía es intentar retrasar ese día el mayor tiempo posible. Es una responsabilidad ineludible del equipo de management de cualquier organización: retrasar el momento en el que ya no se es útil para la sociedad y garantizar la supervivencia de la empresa.

“Obsesión con los clientes, no centrarse en sí mismos”. Es un buen lema para cualquier empresa, y es lo que pretende instaurar Amazon para evitar ese colapso generacional que antes veíamos. Pero esto no es nuevo. El profesor Ted Levitt ya dejó escrito, hace la friolera de 50 años, que la Miopía del Marketing era la causa de cierre de muchas empresas. Para él, esta miopía era lo que ocurría cuando una organización se centraba tanto en su producto y en la propia empresa que llegaba a dejar al cliente en un segundo plano y no orientarse hacia sus necesidades reales… hasta que al final se producía un punto de no retorno y la empresa moría.

En España ya tenemos un caso muy visible de obsesión por el cliente. Pienso en Mercadona y su orientación por un cliente al que, como sabemos, llaman “jefe” en su lenguaje corporativo. El jefe manda, el jefe decide qué empresas avanzan y cuáles han de cerrar para siempre. Como suelo decir en mis conferencias por medio mundo, los clientes no dicen “Tenemos que hablar”, simplemente desaparecen. Por eso en Mercadona tienen esa obsesión que pretende Amazon y no dudan en desarrollar cientos de momentos de cocreación con los clientes, para involucrarlos en los procesos de creación y desarrollo de la empresa. Sus clientes, como jefes, lideran su futuro.

Mi visión de cómo conseguir empresas lo más longevas y exitosas posibles se basa en cinco aspectos que considero fundamentales:

#1. Orientación al cliente.
Sin cliente no hay nada que hacer. Los clientes pagan nuestros sueldos, y pobres empresas las que no hayan transmitido esto a sus equipos de trabajo. Los salarios no los paga la propiedad de la empresa ni nadie que no sea el cliente. Como suelo decir, la empresa no es del dueño, es del cliente, y tal orientación hacia él se debe tener que debemos disponer de estructuras organizativas ágiles para responder a la necesidad cada vez más cambiante del cliente de hoy en día.

#2. Si el cliente es lo más importante, nuestra gente lo es un poquito más.
Así lo veo yo. Si el cliente es una prioridad absoluta, como debe serlo, los integrantes de la empresa deben estar tratados, cuidados y liderados a un nivel incluso mayor. A las empresas con malos ejemplos de liderazgo, con tiranos y con irresponsables que tratan a las personas como elementos fácilmente reemplazables, pobre futuro les aguarda. Tengamos en cuenta que esto va de conseguir atraer al mejor talento, y conseguir que su desarrollo y desempeño no conozca límites.

#3. Preparación para el peor escenario posible.
Las organizaciones en crecimiento, las que van bien o las que simplemente aguantan el tipo lo mejor que pueden, deberían estar continuamente cuestionándose su propio futuro. La autocomplacencia es el peor enemigo de la corporación empresarial. La pregunta constante debería ser siempre: ¿qué haríamos mañana si…? Interpretar cómo deseamos construir un nuevo futuro es la mejor manera de predecirlo y no recibir sorpresas desagradables inesperadas.

#4. Tener claro el sentido de las cosas.
¿Para qué sirve todo esto que estamos haciendo en la organización?, ¿qué sentido tiene las instrucciones que recibimos por parte de nuestros jefes?, ¿cómo afecta mi trabajo a la empresa? Puede parecer una obviedad, pero me encuentro muy frecuentemente con profesionales y directivos que no saben qué impacto directo tiene su desempeño en la actividad de la empresa. Es una obligación de la compañía transmitir el sentido de las cosas, por qué es importante hacer lo que se está haciendo y además con la excelencia que merecen los clientes que serán jueces de nuestra actividad.

#5. Cultura y Valores.
Solemos decir que la Cultura se come a la Estrategia en el desayuno. Una cultura bien definida, compartida y con sentido en la organización permite que los vaivenes de la actualidad no tengan un impacto especialmente perjudicial. La Cultura es la base sobre la que recaen las estrategias cambiantes que tiene cualquier organización. Los Valores son esos pilares filosóficos que todo lo aguantan, cuando son verdaderos y no una mera declaración de intenciones en un bonito poster motivacional. Los valores se transmiten, se ejemplifican, se viven… y así es cómo los clientes llegan a percibirlos cuando llegan los momentos de la verdad.

#6. Reinventar la organización.
Si las personas cambian, cambiamos, las empresas han de transformarse al mismo tiempo. No es posible tener empresas que no evolucionan al mismo tiempo que las personas que las integran y para las que ofrecen sus productos y servicios.

Cumplir 100 años y liderar el mercado no es fácil, pero tampoco imposible. Vivimos la era en la que romper viejos paradigmas está a nuestro alcance, si nuestra visión hacia lo verdaderamente importante y relevante está bien orientada.

Este artículo fue publicado originalmente en el diario El Español el 21 de noviembre de 2018.
https://www.elespanol.com/economia/empresas/20181121/llegara-amazon-anos/354844517_13.html

Hay negocios que todos hemos pensado alguna vez que son “negocio seguro”, de esos que aparentemente siempre van a tener clientes.

NEGOCIO SEGURO
Hace años ocurría con las estaciones de servicio, en las que el propietario de la gasolinera del pueblo era rico. Pero después se liberalizó el sector y lo que era una mina de oro “sin necesidad de hacer nada especial” pasó a ser una industria en la que las nuevas aperturas hacen que quienes tienen éxito lo hagan gracias a un nuevo tipo de gestión empresarial. El siguiente hito para ellos será la popularización del vehículo eléctrico en las próximos lustros.
El negocio de las autoescuelas, tres cuartos de lo mismo: siempre hemos dado por hecho que la gente tiene la necesidad de conducir y tendría que sacarse el carnet de conducir en alguna parte. La proliferación de escuelas de conducción y la guerra de precios en la que se han metido muchos empresarios está causando estragos en aquello del negocio seguro, a lo que se añade el conflicto habitual con los examinadores de la Dirección General de Tráfico, en el caso de España, y sus situaciones de huelga. La situación es extrema al punto de que muchos empresarios se plantean cerrar sus negocios ante la perspectiva que se plantea. Por otra parte no perdamos de vista el impacto que en esta industria va a tener el coche autónomo, que a buen seguro lo veremos circular de forma habitual mucho antes de lo imaginamos.
También tenemos las farmacias, un apasionante sector que también conozco muy bien, y es cierto que muchos farmacéuticos ya ven venir el futuro más probable y saben que la venta online total y la liberalización del sector es algo que ocurrirá en cuestión de tiempo. Pobres aquellos que no se están preparando ya para ello.
¿Y el taxi? Ha tenido mucho de negocio seguro por muchas décadas, en muchos países, y la revolución tecnológica ha propiciado la llegada de operadores como Uber o Cabify que están cambiando las reglas de juego, aunque en realidad quienes han cambiado estas reglas son los clientes, verdaderos artífices de que unas u otras iniciativas tengas éxito.

Y ahora hablemos de funerarias y tanatorios. Un sector que incluso celebra congresos de marketing y que siempre ha gozado de esta categoría del “negocio seguro”. Y tampoco es el caso.
La prensa local de mi ciudad se hacía eco de esta información. La noticia hace referencia a una funeraria de nueva apertura en una localidad de tamaño pequeño que comprueba que los muertos del pueblo «no pasan por allí» pese a ser el único tanatorio del pueblo. El tema da mucho de si, pero en un rápido análisis observamos el problema: el emprendedor no hizo bien su plan de negocio, no tuvo en cuenta que el asunto suele recaer en las compañías aseguradoras a merced del más de 50% de hogares españoles que tienen contratado este tipo de seguros… “el de los muertos”. Y lo que suele ocurrir cuando se produce el triste desenlace es que los familiares, tristes y pasando un muy mal momento, no suelen elegir los proveedores del servicio, y es la propia aseguradora quien propone y dispone, en beneficio de los clientes.
Esto hay que saberlo, porque es muy posible que los fallecidos de tu zona de influencia no acudan a tu tanatorio no porque no quieran sus familias, sino porque otras empresas están trabajando mejor con las compañías aseguradoras.

PESTE
En los planes de empresa hay un capítulo inicial que, pese a ser un tanto aburrido muchas veces y por el que los emprendedores suelen pasar muy de puntillas, contiene una información vital para la viabilidad del negocio. Me estoy refiriendo al análisis PEST, al que últimamente muchos añaden una E: PESTE.
PESTE que es un acrónimo para referirnos a factores de tipo:

1 Político – legal.
2 Económicos.
3 Socio – culturales.
4 Tecnológicos.
5 Ecológicos.

Hay que saber qué está pasando y cómo nos puede afectar.
Como puedes ver se trata de analizar el entorno en el que va a convivir el proyecto empresarial, y además debemos tener en cuenta que se trata de algo cambiante, ya que todo va muy rápido a todos los niveles y es lo que hace que lo que ayer era un negocio seguro hoy en día puede estar en peligro porque no ha sabido leer el entorno y comprender que esta PESTE hay que asimilarla e integrarla en la empresa para estar más cerca de su viabilidad tanto a corto como medio o largo plazo.
Yo revisaría mi análisis PESTE al menos una vez al año.
Nada es seguro, hoy menos que nunca, por eso anticiparse a los problemas y circunstancias es el factor clave.

Te deseo lo mejor.
Jacinto Llorca

Stan Lee nos ha dejado algunos de los personajes más populares e icónicos de todos los tiempos. También nos ha dejado interesantes lecciones de liderazgo y gestión, ocultas tras las increíbles habilidades de Spiderman e Iron-man. Veamos qué lecciones de Stan Lee hay tras su legado narrativo.

1. Reconocer el trabajo del equipo de colaboradores

Se dice que siempre atribuyó a los dibujantes de sus personajes el mérito y aportación que tuvieron en el desarrollo de los mismos, de manera que los consideraba coautores.

Parte de la capacidad del liderazgo consiste en reconocer e impulsar el talento de los demás. No es posible tener empresas y organizaciones en las que el trabajo de un equipo se reconoce únicamente a la cabeza visible del mismo. Cuando el reconocimiento no es el adecuado, las personas dejan de ser productivas y eficientes, a sabiendas que el mérito será para otros.

El auténtico liderazgo es incompatible con una mala interpretación de lo que supone reconocer el trabajo de los integrantes del equipo.

2. Todos somos humanos

Dotó a sus personajes de ciertos sufrimientos humanos que los hicieran vulnerables en algún aspecto. Si Hulk es vulnerable, ¿cómo no va a serlo cualquiera de nosotros?

Vivimos una época en la que parecemos estar rodeados de personas invencibles: emprendedores, profesionales y nuevos consejeros delegados que además son maratonianos cuando no triatletas de larga distancia, con una imagen idílica en forma de selfie en las redes sociales habituales. Se puede ser un superhéroe de la empresa y el corporativismo, pero también ser humano y mostrarse como tal.

Si ser auténtico es una de esas cosas que todos aprecian, ser humano y parecerlo ha de estar incluido en esta autenticidad.

3. El éxito no tiene por qué llegar rápido

Stan Lee desarrolló sus personajes más famosos y que más éxito le han traído cuando ya se acercaba a los 40 años de edad. Necesitó muchos años de experiencia para alcanzar las cotas más altas en su actividad y crear la mayoría de personajes que hoy conocemos.

¿Por qué tenemos tanta ansia de éxito rápido? No ayuda la imagen que muchos proyectan y que por momentos parecen los nuevos modelos de éxito: jóvenes millonarios a golpe de ronda de financiación con Ferrari aparcado en la plaza de minusválidos del centro comercial. Y aunque después, a toro pasado, su empresa presente dudas muy razonables, antes sí les dio tiempo de hacerse las fotos promocionales del nuevo single y ser coronados como el modelo a seguir.

4. La práctica hace al maestro

Se le atribuye a Stan Lee la creación de unos 300 personajes entre héroes, villanos y personajes secundarios. De esos 300 apenas recordamos, la mayoría de nosotros, los más populares y taquilleros. Pero para llegar a estos pocos elegidos preferidos por la multitud, tuvo que crear otros muchos que han pasado más desapercibidos.

Decía otro genio, Peter Drucker, que jamás contrataría a quien no se ha equivocado nunca, ya que eso es sinónimo de pasividad, de no haberse atrevido a desafiar sus límites y el conformismo. No es que Stan Lee se equivocara con la mayoría de esas 300 creaciones, pero estoy convencido de que cada una de ellas fue mejor, diferente, más cercana al éxito que la anterior. Para llegar a la excelencia hay que practicar, intentarlo, mejorar en cada ocasión.

5. Todos son iguales, pero diferentes

Los héroes de Stan Lee tienen todos capacidades y habilidades extraordinarias, que los convierten en superhéroes. Tienen en común que son capaces de hacer cosas increíbles, pero al tiempo ese poder es único, cada uno tiene el suyo, que lo hace único y diferente de los demás.

En el entorno corporativo de nuestras empresas, muchas veces se peca de una excesiva homogeneidad: “Todos cortados por el mismo patrón”. Lo veo con frecuencia ahí fuera.

Y esta no es la mejor fórmula para conseguir los mejores resultados: en la variedad está el gusto, la combinación de diferentes perfiles consigue diferentes perspectivas, aproximaciones y visiones que enriquecerán de manera única a la organización.

Liderar el talento y la autogestión es clave en los entornos organizativos del siglo XXI. Como podemos comprobar, estamos rodeados de buenos ejemplos de liderazgo, solo hay que observar la realidad que nos rodea con otro tipo de visión.

Poder ver la realidad con claridad y distinguir las diferentes dimensiones que la forman es, sin duda, el gran superpoder que los héroes sin capa que integran las empresas y entidades deben cultivar para orientar al éxito sus organizaciones y sus propias vidas.

Este artículo fue publicado originalmente en el diario El Español el 14 de noviembre de 2018.
https://www.elespanol.com/economia/empresas/20181114/lecciones-liderazgo-stan-lee/353094693_13.html