Lo veo frecuentemente en tiendas, pymes, managers, emprendedores y empresarios de diferentes sectores y tamaños: observo una gran preocupación por el hardware, pero muy poca atención al software. Y creo que esto es un error.

Por hardware me refiero a las instalaciones, la decoración o la arquitectura, los equipos informáticos o técnicos, lo último en diseño web, redes sociales o ese nuevo sistema del que todos hablan. El hardware está muy relacionado con el postureo, con la apariencia, con lo que todos ven y por lo que es fácil presumir. Tener un gran hardware, el mejor, es fácil cuando hay recursos económicos para ello. No supone un gran esfuerzo, apenas encargarlo, ordenarlo y pagarlo. 

Para mí el software es aquello que está a la vista pero que no todos ven, y es lo que realmente es decisivo. El software está definido por la estrategia, por la misión, visión y valores de la organización, por la animación sobre las personas, el liderazgo y la visión de management. El software está relacionado con la orientación al cliente externo e interno, el clima laboral y la energía que se respira en el negocio, así como con sensibilidad hacia lo que es el marketing de verdad como fuente de valor. Pero esto no es fácil, disponer de un buen software supone trabajar muy duro de forma constante, no existen atajos ni se puede comprar. Hay que implicarse, analizar, pensar, compartir con los demás, escuchar mucho… darse cuenta de que esto es realmente importante y que hasta que no se haga bien, no hay mucho sobre lo que avanzar. 

El hardware es importante, qué duda cabe y que nadie me malinterprete, pero si el software no tiene un desarrollo superior, tendremos bonitos juguetes sin sentido, sin alma, que finalmente evidencian que algo no funciona bien en el seno de la organización.

Un buen software al que damos el mejor hardware, vuela hacia los objetivos marcados. El mejor hardware sin el software adecuado es un intento de querer ser el mejor sin estar preparado para ello y es, incluso, contraproducente porque poco a poco se verá cómo decae y es insostenible. De hecho cuando el software está muy afinado y a pleno rendimiento, por si solo pide el hardware adecuado y este encaja como un guante.

Por eso me gusta empezar por lo que nadie ve, porque ahí está la esencia del negocio, sus limitaciones y ambiciones, sus posibilidades, su verdadera realidad, oculta tras una fachada que quiere ser perfecta. En definitiva el software está en las personas que integran la organización, sus ideas, sus creencias, sus ganas de ponerse manos a la obra.

¿Hay empresas que teniendo un gran hardware y un pobre software aparentemente funcionan? Alguna hay, pero normalmente el recorrido que tienen es insostenible en el tiempo y en los resultados. Que funcionen aceptablemente no quiere decir que funcionen realmente bien ni que vayan a hacerlo en el futuro. Permíteme la metáfora: puedes comprarte todo el equipamiento para escalar el Everest, que como no estés verdaderamente preparado ni sales de la tienda de campaña el primer día y regresas a casa,  aunque creas que haber montado la tienda de campaña fuera un importante logro lo cierto es que llevabas hardware para hacer cima, pero finalmente el selfie lo hiciste camino del aeropuerto. 

Para empezar a poner a punto nuestro software hay algunas cuestiones que podemos plantearnos para ver dónde estamos. En el próximo artículo las veremos, como un buen inicio por el que empezar a construir la mejor versión de nuestro software.

Hay mucho sobre lo que reflexionar y pasar a la acción.

Un abrazo

Jacinto Llorca