Me he encontrado y he leído con ilusión esta entrevista que han realizado al director de marketing del fabricante de automóviles KIA.

Me parece muy interesante los comentarios acerca del futuro de la compañía, y en cierta medida, de su sector.

Dice Ricardo de Diego que en el futuro no venderán coches, sino servicios de movilidad, basados en tres puntos: autonomía, conectividad y electricidad. ¿No es apasionante?

En las grandes ciudades ya ocurre y los servicios de coches compartidos son una realidad cada vez más cotidiana. Pequeños coches eléctricos que puedes alquilar por minutos para desplazamientos más o menos urbanos, o bien coches que se comparten entre particulares y para los que incluso no necesitas la llave y con una app puedes acceder a los vehículos.

En una sociedad en la que las nuevas generaciones cada vez valoran menos disponer de bienes en propiedad, mucho menos si son de alta inversión como es un vehículo, todo hace suponer que en un futuro no demasiado lejano las ventas de vehículos se resentirán en beneficio de las ventas a plataformas de alquiler de coches o de sistemas de movilidad.

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Estamos ante un futuro, ya no en el sector de la automoción, sino del propio consumo en general, que tiende a esta autonomía, conectividad y electricidad.

Autonomía.

Lo entiendo de dos maneras. Si hablamos de automóviles  es porque el coche es autónomo y conduce por si solo, de manera que el conductor tiene un papel a priori secundario. Pero si dejamos a un lado el tema coches, autonomía para mí es el papel del consumidor autónomo que no quiere compromisos ni ataduras, pagar por aquello que disfruta y no realizar desembolsos por productos o servicios que utiliza solamente de forma puntual.

Imagina que existe una filosofía de bienes compartidos mucho más amplio de lo que ya existe actualmente con los coches o las viviendas en Airbnb: herramientas que solo vas a usar muy de vez en cuando, equipos informáticos de uso ocasional, material deportivo… ¿es rentable tener todo un equipo de palos de golf para jugar una vez al mes?

También recuerdo la existencia del modelo de coworking, como espacio en el que trabajo, muchas veces sin un puesto fijo, y por el que pago solo por las horas o días que hago uso de las instalaciones.

Creo que estamos ante una forma de consumo que irá en aumento paulatino. Fíjate, vamos a ir de la experiencia de usar cierto producto, ya sea un coche o una cámara de vídeo, a la experiencia que supone participar en el proceso de compartir a través de dispositivos conectados. Sin que mis palabras pretendan ser definitivas, creo que los próximos tiempos van a ser complicados para las marcas, viendo cómo sus modelos de negocio están siendo transformados tan rápidamente por la voluntad de los usuarios y consumidores.

Conectividad.

Esto del Internet of Things o Internet de las Cosas es algo de lo que ya llevamos tanto tiempo hablando que ya casi pasa desapercibido. ¿Recuerdas cuando se hablaba de weareables? Decíamos que íbamos a tener ropa inteligente, conectada, accesorios que iban a tener mil y una funciones… Al final parece que el éxito ha sido una realidad en los relojes y las pulseras inteligentes, pero es una realidad que ya conocemos.

Conectividad significa que productos y servicios deben ofrecer, si el usuario quiere, la posibilidad de comunicarse, interactuar, dejar impacto en las redes o de tener funciones avanzadas para hacer conexión con otros productos o sistemas. En casa hemos comprado recientemente un coche y la conexión que hace con el teléfono del conductor hace que en caso de accidente (se supone que el coche detecta cuándo algo ha ido mal) automáticamente realiza una llamada a los servicios de emergencia. Este no es el tipo de conectividad que nos traerá el futuro, pero si es una conectividad que aporta valor al cliente. 

Pienso en productos y servicios conectados a otros productos, servicios y usuarios, empezando por uno mismo. Al mismo tiempo, vivimos una época en la que muchas personas quieren vivir desconectados, ante la saturación que les ha causado esta permanente conexión. Por este motivo en el futuro una opción de “desconexión” siempre será positiva, no tengo ninguna duda que los casos de adicción y tratamiento de la misma con dispositivos conectados va a ser una tónica general mucho más popular en los próximos años.

Electricidad.

Hablamos de ecología y respeto hacia el medio ambiente. En el sector de la automoción esto pasa por el abandono de uso de combustibles fósiles y el uso de energías no contaminantes como la electricidad, pero el enfoque que observo en un plano más general para todo producto o servicio pasa por un profundo respeto al medio ambiente. 

Pobre de la empresa, grande o pequeña, que dentro de unos años no se declare responsable en acción ecológica, en un tiempo en el que los consumidores vamos a ser más sensibles que nunca hacia estos temas, liderados por las nuevas generaciones que están creciendo con una necesaria educación muy incisiva en el reciclaje y el respeto hacia los problemas medioambientales.

Ya te digo, para los coches lo llamaremos eléctrico, pero para otros productos o servicios hablaremos de respeto al medio ambiente y de políticas transparentes hacia estos asuntos. Quedarse en tierra de nadie supondrá estar “en contra de” de forma que hay que estar muy involucrados y dejar patente la acción que se hace al respecto.

Miopía del Marketing.

Al final se trata de no caer en la Miopía del Marketing.

Volviendo al fabricante de coches, cuya misión dejará de ser fabricar vehículos para transformarse en proveedores de servicios de movilidad, te invito a que te plantees esta misma filosofía para tu actividad, y la observes desde una perspectiva de la “miopía del marketing”, una idea que acuñó hace varias décadas Ted Levitt para referirse a compañías que se centraban tanto en lo que estaban haciendo como fin en si mismo que dejaron a un lado al cliente y lo que él realmente necesitaba en todo momento, de forma que cuando el cliente cambia la empresa no se da cuenta y sigue fabricando o haciendo lo mismo porque es lo que sabe hacer.

No se trata de especializarnos en desarrollar cierta actividad, sino en los clientes que aprecian, consumen o buscan cierta actividad ahora y la evolución de la misma en el futuro.

Si tengo una tienda de teléfonos móviles, puedo decir que soy especialista en telefonía móvil y que ese es mi nicho de mercado. Si pienso que mi negocio está en la comunicación de las personas, ahora es posible que venda solamente telefonía móvil, pero estoy muy atento al cliente, de forma que es posible que poco a poco vaya cambiando los teléfonos por relojes inteligentes, gafas con auriculares dispositivos que ahora mismo no existen… el caso es que seguiré vendiendo comunicación entre personas, dejando a un lado que sean móviles o lo que sea. De ahí que este y todos los fabricantes de coches (y pobre del que no lo vea así) hace tiempo que dejaron de ser meros fabricantes de automación, para convertirse  en proveedores de movilidad, ya sea vendiendo coches o patinetes, alquilándolos o promoviendo su uso de cualquier otra manera que finalmente satisfaga las necesidades de un consumidor tan exigente como lo es (lo somos) hoy en día.

Creo que todos debemos plantearnos cómo esta autonomía, conectividad, electricidad y miopía del marketing va a afectar de una u otra manera a todos los sectores e industrias. Antes de que sea demasiado tarde.

Te deseo lo mejor

Jacinto Llorca